De vuelta a Inverness

Acabo de volver de Inverness, la capital de las Highlands escocesas, donde, hace más de dos años, pase una temporada trabajando y aprendiendo el idioma. La cantidad de experiencias que uno cosecha en la vida parecen estar, demasiadas veces como para atribuirlo sólo al azar, acompañadas de anécdotas que suelen si no dar un sentido a la vida que construimos, sí reafirmarla o matizarla. De esta manera, cuando mi pareja y yo llegamos a Inverness, compré en una librería de la ciudad un libro sobre fantasmas de Escocia, donde, para mi sorpresa, la primer historia que iniciaba el libro, sucedía en Inverness y concretamente, en la colina que da nombre a la calle en la que vivíamos

La historia cuenta cómo dos violinistas que visitaban Inverness, buscando algún lugar para tocar, se encontraron a un anciano que les preguntó si tocarían en un baile para él. Así acordaron, y siguieron al anciano a un lugar llamado Tomnahurich, en una pequeña colina exterior de Inverness. Llegaron hacia el anochecer. Entraron por un saliente de la colina y se encontraron en un vestíbulo generosamente decorado donde las escenas de alegría se sucedían por doquier y donde se encontraron en compañía de muchas hermosas y pequeñas mujeres. A los hombres les fue permitido comer y beber en el banquete antes de que el baile empezara. Cuándo tomaron sus violines para tocar, la sala se llenó. La interpretación de los violinistas hizo saltar los corazones de emoción, y en la medida que la música animaba e inspiraba, la danza de las mujeres era un placer de ser contemplada. El tiempo pasó, y ellos apenas parecieron advertirlo.

Por fin, cuando amaneció la fiesta pareció llegar a su fin y los violinistas recogieron sus instrumentos listos para salir. El anciano que los había contratado les pagó generosamente con una bolsa de plata y los violinistas partieron felices de la montaña. Había sido una gran y provechosa noche. Vagaron, otra vez, hacia Inverness, y es aquí donde las cosas comenzaron a complicarse. Todo era diferente. El pueblo que unas horas antes habían pisado había cambiado tanto que ellos apenas lo reconocieron. Nuevos edificios habían aparecido, como de la nada. Las personas habían cambiado también. Todos llevaban ropas muy diferentes y se rieron cuando vieron lo que los violinistas llevaban, llamándolos freakys.

Los violinistas no podían comprender que era lo que había pasado y decidieron volver a su pueblo natal, para ver si allí las cosas seguían siendo como antes. No obstante, lo que se encontraron fue con más de lo mismo. Fue como si varias decenas de años hubieran transcurrido mientras habían estado tocando lejos en el baile de Tomnahurich.

Finalmente, los dos hombres buscaron refugio en la religión y fueron a la iglesia local. Su apariencia causó conmoción, pero la congregación fue callando cuándo el ministro empezó a hablar. Entonces, con la primer mención del nombre de ‘dios’ los violinistas se desvanecieron convirtiéndose en polvo delante de todos los presentes.

La moraleja de la anécdota parece ser que si uno se acerca a una vida de peregrinaje artístico, por decirlo de alguna manera, alejándose de lo que se supone tendría que hacer, uno acabará convertido en polvo por la gracia de dios. Hace tiempo que no creo en dios y que no voy a la iglesia. He vuelto a Inverness y todo seguía igual, el que había cambiado era yo, de tal forma que lo que realmente se convirtió en polvo y se desvaneció, fue el que había sido estando allí. A pesar de ser, muchas veces angustiante, como dijo Hesse, para nacer hay que destruir un mundo.

2 Responses to “De vuelta a Inverness”

  1. Albert Says:

    Qué envidia, Diego.

    Sí, de eso se trata, de destruir mundos. Pero piensa, y ya lo sabes, que es para construir de nuevos.

    Bienvenido a casa.

  2. Diego Says:

    Gracias Albert!!

    He cargado las pilas para continuar construyendo!! Además, para mejor, muchos de estos nuevos mundos incluyen nuevos amigos!

    Nos vemos!

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Llicenciat en filosofia, Diego Giménez, és director de la Revista de Letras i director cultural del Diarimaresme. Actualment està cursant el Màster en estudis literaris, Construcció i Representació d’Identitats Culturals a la UB