La habitación y las espigadoras

Ayer, un amigo que estuvo de viaje por Holanda, me comentaba que, habiendo asistido al museo Van Gogh y contemplado el cuadro ‘La habitación’ le asaltó cierta angustia relacionada con el cuadro en sí y con el hecho que Van Gogh lo había pintado con la intención de exponer o representar un lugar que consideraba de calma y reposo. Lo que me vino a la mente es un poema de Gifford del libro Las cuatro reinas, reseñado la semana pasada:

A room can always become smaller

Hablando de cuadros, el libro de Manuel Delgado, Sociedades Movedizas, en uno de sus capítulos en que menciona el naturalismo, hace referencia al cuadro de Millet, Las espigadoras, al que la cineasta Agnés Varda rinde homenaje con la película Les glaneurs et la glaneuse (1999). Delgado sostiene, que tanto el cuadro como la película son un reconocimiento a todas aquellas personas que encorvan su espalda para tomar lo que otros no han querido. De tal manera que en la referencia a Millet hay algo más que un elogio a una humanidad hiperconcreta, sino también una llamada en pos de recuperar el posromanticismo que el naturalismo pictórico encarna y encuentra en lo esencial y concreto. Así, “si la pintura y el dibujo –como por supuesto la fotografía- sirven como modelos de la descripción como textualización del instante, el cine puede ser contemplado como el instrumento idóneo para desmentir la presunta distancia entre descripción y narración, ese malentendido que presupone una incompetencia de la primera en orden a captar el movimiento y el factor tiempo.” (Manuel Delgado)

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Llicenciat en filosofia, Diego Giménez, és director de la Revista de Letras i director cultural del Diarimaresme. Actualment està cursant el Màster en estudis literaris, Construcció i Representació d’Identitats Culturals a la UB