La preocupación ética que, en palabras de Borges, lleva a los norteamericanos, debido al protestantismo primigenio, a hacer prevalecer el bien sobre el mal, no tiene sentido cuando la aplicamos a Cormac McCarthy. Desde que en 1985 publicara Meridiano de Sangre, McCarthy no ha dejado de ostentar el título de escritor apocalíptico en tanto que la muerte, dios y una teoría de la narración que lo acercan al pragmatismo estadounidense, vertebran la obra del esquivo autor que, con La Carretera (Pulitzer 2007), vuelve a erigirse en el profeta de la muerte.
McCarthy nació en Providence, Rhode Island, el 20 de Julio de 1933. Siendo el tercero de seis hermanos, de pequeño se mudo con su familia a Knoxville, Tennessee, donde se quedó hasta entrar a la Universidad en 1951. En 1953 se alistó en el ejercito americano en el que estuvo enrolado cuatro años. Cuando volvió retomo los estudios que finalmente no culminó. Desde entonces se dedicó de pleno a la escritura. El rechazo de McCarthy a hablar de su vida personal ha ayudado a aumentar el mito en torno al autor. Cuenta una de sus mujeres que al principio, malviviendo de los pocos ingresos que obtenía como escritor, más de una vez, rechazó ofertas para conferenciar en universidades, argumentando que todo lo que tenía que decir estaba en sus novelas, con lo que continuaban comiendo alubias. También se cuenta que, acabada su primer novela, El guardián del vergel (1965), la presentó, por que era la única que le sonaba, a Random House que se convertiría en su editorial. El reconocimiento de la crítica vino con la Trilogía de la Frontera, compuesta por Todos los hermosos Caballos (1992) con el que ganó el National Book Award, En la Frontera (1994) y Ciudades de la Llanura (1998). También es remarcable Sutree (1979), cuya escritura le llevó más de 20 años. Aunque la obra que sitúa a McCarthy como autor de culto es Meridiano de Sangre, que en palabras de Harold Bloom es la auténtica novela apocalíptica estadounidense de un logro imaginativo canónico, cuya magnificencia acaba por trascender la violencia convirtiendo la truculencia en un arte aterrador.
McCarthy asegura que cualquier escritor que se precie de serlo ha de escribir sobre la muerte y Dios. Así, influenciado por Shakespeare, Melville y Faulkner, la obra de McCarthy ahonda en el vacío que se abre ante el silencio de Dios y lo inevitable de la muerte. De este modo, en La Carretera, nos enfrentamos ante la muerte en toda su macabra presencia. Un padre y un hijo han de atravesar un mundo destruido por una catástrofe global donde los supervivientes sobreviven más como bestias que como hombres, en tanto que el canibalismo, la esclavitud y el asesinato quedan supeditados a la falta de comida en la lucha por la supervivencia. En este sentido, si lo que nos distingue de los animales es el lenguaje y en un mundo donde todo palidece hasta sumirse en tinieblas, lo que somos es los profetas de un Dios que no existe.



Xavi
2 years ago
Qué gran escritor Cormac Mccarthy. “La Carretera” es una obra maestra. Me ha encantado. El único pero que le encuentro es la ingeniudad del niño, quizá sea demasiado… No sé, en fin, un novelon!
Diego
2 years ago
A mi el papel del niño me parerce bien argumentado y justificado. No obstante, reconozco que puede llegar a parecer ingenuo.